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Las Empresas Como germen del cambio social

Muchas empresas en Colombia desarrollan internamente programas para cambiar los comportamientos de su gente. Este tipo de iniciativas son un punto clave a la hora de cambiar la realidad social del país.

 

Publicado el 24 de enero de 2022 en la Revista Forbes. 
Para leer el artículo original, haz clic aquí
Escrito por Camilo Vásquez, Socio Fundador de Vásquez Kennedy.

 

La búsqueda de mayor prosperidad y justicia en la sociedad colombiana no da espera. 

Las empresas colombianas, en la medida en que se fortalecen, no solo generan riqueza, sino que pueden transformar los valores de nuestra sociedad e impactarla en sus bases, para que logremos el cambio social que necesitamos.

Nuestra realidad actual no admite esperas para cambiar.  Aunque el PIB se ha triplicado desde 1990 hasta hoy, ¡el 34,5% de los hogares colombianos come dos veces al día y el 2,5% una comida diaria o menos! (encuesta Pulso Social del Dane de mayo de 2021). 

Solo el 10% de los hogares colombianos consigue $4 millones de pesos al mes y, apenas el 2%, más del $10 millones.  Y Colombia tiene uno de los índices de concentración de riqueza más altos del mundo, dice el propio Banco de la República.   

“No es el Estado el que puede cambiar a la sociedad, sino por el contrario la sociedad la que debe cambiar al Estado” (William Ospina, ‘Dónde está la franja amarilla’).  Cada colombiano que respira una cultura empresarial sólida en valores humanos lleva a su familia y a su comunidad una nueva forma de actuar, que puede ser poderosamente transformadora.

Muchas empresas en Colombia, que desarrollan internamente programas de capacitación para cambiar los comportamientos de su gente, vencen obstáculos a la productividad que están ligados a nuestra manera de ser colombiana. Debemos aceptar que muchas cosas que hay en nosotros no están a nuestro favor para que seamos una economía próspera en el mundo moderno.

Lo que no está a nuestro favor

 

Nosotros somos individualistas. Nos cuesta actuar cuando importa más el beneficio común que el personal: irrespetamos los turnos, estacionamos donde estorbamos, aunque esté prohibido, tomamos lo que no es nuestro, oímos música a volúmenes que fastidian a otros sin que nos importe.

En el hiperconectado mundo de hoy, donde cada persona es parte de un complejo encadenamiento productivo, y la iniciativa de cada uno es crítica para que el resultado de muchos sea el deseado, nuestro individualismo puede ser un gran obstáculo.

Los latinos en general, y los colombianos en particular, somos, además, desconfiados.  “Los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad” dice el informe del BID de enero de 2022, que agrega que el 87% de las personas en Colombia “no confía del prójimo”. No es fácil lograr grandes cosas uniendo esfuerzos con otros, partiendo de la desconfianza en sus intenciones. 

Nos cuesta cumplir promesas. Al parecer, entre nosotros el engaño es válido y, para muchos, la palabra dada no tiene mayor valor. El mar de sangre en el que nacieron nuestras sociedades tras la invasión española ocurrió por el uso de las armas de fuego, pero también por el arte del engaño y la traición que nos trajeron. Con esas “armas”, frente a las que los nativos estaban tan desprotegidos como contra la pólvora, se aniquilaron imperios enteros.  Más acá, el arzobispo Caballero y Góngora negoció con los sublevados comuneros y les prometió reformas para, unos meses después, como Virrey, condenarlos a muerte.  Tenemos cinco siglos de habituación a las promesas que no se cumplen, la mentira y la traición.

¿Cómo construir productos complejos y llevarlos al consumidor si no podemos contar los unos con los otros?

 

Aunque suene contradictorio con nuestra conflictiva realidad diaria, los colombianos evitamos los conflictos.  Nuestra actitud es más de evasión que de sana confrontación. Los extranjeros se asombran de que no acostumbramos a decir de frente a los demás lo que nos disgusta de su conducta y solemos decir las cosas de otros a terceros, a espaldas del interesado. 

¿Cómo trabajar en equipo, si nos cuesta decirnos mutuamente con claridad dónde hay que mejorar?

 

Finalmente: no somos solidarios, aunque nuestra generosidad es enorme ante las grandes tragedias, como una avalancha, y en la pandemia hubo entre nosotros muchas ayudas personales a los más afectados.  Pero nos alzamos de hombros ante la tragedia diaria de los millones de pobres, de desplazados, de víctimas de la violencia y de la discriminación, o ante el abuso del poder y la corrupción. No son asunto nuestro. 

Lo que está a nuestro favor

 

Para ser objetivos y equilibrados debemos reconocer también las muchas e importantes cosas, en nuestra colombianidad, que están a nuestro favor, y que no son poca cosa.

Por ejemplo: somos gente servicial, nos lo reconocen casi invariablemente los visitantes extranjeros. Somos muy trabajadores, de largas jornadas, y sacamos tiempo para trabajar de día y estudiar de noche, así pueda dormir pocas horas al día.

Nos gusta nuestra empresa, tendemos a identificarnos con nuestro empleador, a gozar de sus éxitos y a sufrir con sus tropiezos.  Y somos creativos, sin duda. La gente en Colombia está siempre buscando con ingenio cómo salir adelante, con “empuje”.  Y muchas otras cualidades, seguramente, pueden ser agregadas a esta lista.

La trascendencia social de las empresas

 

Decíamos que las empresas tienen un potencial en el cambio social que va mucho más allá de la generación de riqueza, que es su misión fundamental.

Cada colombiano que aprende en su empresa, por ejemplo, a confrontarse con otros constructivamente, está llevando a su familia una nueva forma de comunicarse y de resolver los conflictos.  Cada vez que alguien cede espacios para que otros se luzcan, o que cumple con seriedad sus compromisos y coopera con otros, está siendo un modelo para los demás, en conductas en las que es vital que nuestra sociedad cambie. 

Cada aprendizaje de un nuevo comportamiento y cada demostración de un líder de una conducta íntegra impacta a los trabajadores, quienes llevan ese modelo a su núcleo familiar y social. Las empresas tienen un enorme potencial para la transformación social que Colombia necesita sin demora. Cada empresa puede ser parte de ese poderoso germen transformador. Todo esfuerzo en una empresa por desarrollar una cultura socialmente sana centrada en valores, será trascendente.

Contacto
LinkedIn:Camilo Vásquez*
El autor es consultor en desarrollo de carrera, con más de 25 años de experiencia. Es gerente de  Vásquez Kennedy, empresa que ha apoyado el desarrollo profesional de más de 10.000 gerentes y profesionales; coach de desarrollo de carrera, especialista en Comunicación Organizacional y Psicólogo. Fue elegido en 2021 en el Top 5 de los HR Influencers de Colombia.

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